Mátame Suavemente

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Tiempos de Maktub

Por Ruby Soriano

Hay quienes inexplicablemente encuentran satisfacción en el dolor, esa sensación física e interna que nos abate en muchos sentidos. El dolor interno asociado con cualquier tipo de relación, es tal vez el más peligroso.

Cuántos de nosotros conocemos a esas personas que siempre se relacionan con personas que las hacen “sufrir”.

Aunque lo anterior es sólo un efecto espejo de lo que en realidad se hacen así mismas con el propósito de no perder algo o a alguien que les haga sentir vacíos.

El fenómeno de victimización ya no es exclusivo de mujeres, se da también en los hombres, y en ambos casos, resulta lamentable observar el comportamiento anómalo de personas que gozan con ese dolor que les provoca una relación, un comportamiento o una acción.

El dolor es un síntoma que trasciende y desestabiliza las emociones.

Algunas personas experimentan relaciones tortuosas, donde inexplicablemente se confunden  los roles entre agresor y agredido.

Por si esto no fuera suficiente, las “supuestas” víctimas, vuelven a entablar relaciones emocionales con el mismo patrón de conducta, donde ellas tienden a jugar ese rol de maltrato insano que les hace olvidar su poder de decisión.

El dolor entendido como una forma de control emocional es una disfunción que demanda atención inmediata, para evitar esos otros riesgos que pueden derivar incluso en suicidios.

¿Por qué buscar el dolor como una forma de proteger las debilidades? Porque el dolor victimiza y genera culpas, no sólo en el agresor, sino también en el agredido.

En este tipo de disfunciones, el efecto espejo juega un papel primordial, sobre todo, cuando no queremos ver lo que en realidad estamos reflejando: Carencias, poca dignidad, debilidad y desequilibrio.

Hay que romper el rol de la victimización; es importante soltar todo tipo de relaciones que impliquen establecer vínculos de dolor.

La sanación emocional, nos permite romper patrones de conducta para evitar los riesgos de caer en otra relación con las mismas características.

Corazones Rotos 41

Hay personas que incluso buscan en sus nuevas relaciones, similitudes no sólo emocionales, sino hasta físicas para volver a iniciar una relación conflictiva, dolorosa y poco satisfactoria.

El dolor emocional es una forma de sometimiento que debe ser manejado cuidadosamente. Es imprescindible asumir que se vivió una relación de este tipo para concluir que no se admite repetir el mismo esquema

Las agresiones físicas en una pareja dejan huellas que se aprecian claramente con el dolor emocional de las víctimas.

“Pégame, pero no me dejes” es tal vez la frase más contundente para reflejar el desequilibrio que se puede llegar a enfrentar, cuando las personas son minimizadas a su máxima expresión a través del sometimiento que causa dolor.

Evitemos este tipo de disfunciones, abramos los ojos y no caigamos en el mismo pozo, cuando de antemano sabemos lo que hay en el fondo.

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