La bendición de Bastet

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Tiempos de Maktub

Por Ruby Soriano

En su misticismo se haya encanto, misterio, atracción, egolatría e independencia.

Por algo, en el antiguo Egipto, vivían al amparo de los grandes templos, cobijados por la protección faraónica y la luz magnificente de la diosa Bastet.

Entender la psicología de los gatos,  no es sencillo. Sin embargo, resulta alucinante, establecer las líneas de entendimiento y aprendizaje que ellos mismos exigen a sus “humanos”.

Afortunadamente, el tiempo ha dado la razón a la cordura y se han desvanecido los argumentos de ignorancia pura que sobre ellos pesaron durante varios tiempos.

Los gatos son animales prodigiosos que pueden tener la función de catalizadores en situaciones adversas o bien, donde la energía negativa se concentra con facilidad.

Sabedores de su estética fisonomía, son egocentristas y excelentes manipuladores a la hora de ganarse los afectos humanos.

Los gatos pueden considerarse curativos si se trata de emprender terapias cuyos efectos se hallan en superar pérdidas, manejo de enfermedades terminales, depresión, estrés y ansiedad.

Acostumbrados a poner sus límites, los hijos de Bastet establecen una comunicación única con sus humanos. A través de pequeños sonidos nasales, pueden establecer una especie de “conversaciones” que denotan alegría, comodidad, gusto, tranquilidad.

Mucho se habla de lo poco demostrativos que pueden ser estos felinos, sin embargo, son pequeños seres dotados de una sensibilidad que capta la tristeza, alegría, soledad, depresión.

Son exquisitamente selectos para elegir sus afectos, tal vez por ello resulta de gran valía, aprender a quererlos, respetar sus espacios y dejarlos ser.

Rodeados de reyes y reinas, los gatos del antiguo Egipto se convirtieron en pequeños dioses que pudieron trascender en tiempo y espacio.

De ahí, que cuando alguien muere, se dice que una buena forma de captar la energía del ausente y purificarla es a través de la sensibilidad de estos bellos animales.

Los gatos entregan pero también exigen, son una representación real del saber amar sin apegos ni ataduras. Viven y defienden espacios y libertad, con la opción de entregar su afecto pleno a la hora de compartir.

A pesar de su carácter imponente y de un temperamento poco tolerante para el exceso de mimos, los mininos saben demostrar lealtad y compromiso a la hora de acompañar, de dar soporte emocional  y de entregar compañía a quien o quienes los rodean.

Tener un gato sin duda es un privilegio y un reto para aprender a recibir en la forma que damos.

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