Hijos bonsái, padres hiedra

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Tiempos de Maktub

Por Ruby Soriano

Los bonsái son hermosos árboles enanos que difícilmente crecerán. La milenaria tradición china los ha convertido en todo un arte y en símbolos de tranquilidad. Sin embargo, son muchas las técnicas que se usan para amarrar sus tallos e impedir su crecimiento.

En tanto la hiedra, es una planta trepadora, capaz de invadir  muros y pisos, con la capacidad de cubrir todo lo que esté a su alcance.

Sirvan ambas descripciones para hacer una analogía de los hijos bonsái y los padres hiedra.

Relacionados en una dualidad que difícilmente les hace mirar un daño mutuo, hijos y padres aceptan roles equivocados, que no llevan a una sana, correcta educación y convivencia.

Padres inseguros que infunden temores a sus hijos, es la constante, sin descartar la violencia física y psicológica, que da como resultado hijos temerosos, incapaces de emprender un vuelo y una vida propia.

Los hijos bonsái llegan a superar los 30 o 40 años y siguen atados al enfermizo cordón umbilical de los padres, o bien de una madre chantajista o de un padre agresor.

Todos conocemos a un hijo bonsái y a un padre hiedra; son muchos los casos donde los hijos van ligando fracasos por temor a emprender, a iniciar, a sentirse seguros de poder y reafirmar una propia personalidad que los defina como adultos en toda la extensión de la palabra.

Para ellos, resulta difícil tomar decisiones contundentes, como vivir solos, conseguir empleo y ser autosuficientes, elegir un modo de vida, vivir en pareja y hasta reconocer abiertamente su sexualidad.

Eligen la pequeñez adulta como un escudo protector que difícilmente los alejará de esa zona de confort que encuentran en la casa de los padres.

Los hijos bonsái no se dan cuenta de su enanismo. Trabajan sí, pero regresan al hogar paternal donde buscan el cobijo emocional que sienten no tener para emprender una vida adulta e independiente.

Les cocinan, les lavan la ropa, les eligen a las parejas, los chantajean, les resuelven la vida con dinero, así, en esta pequeñez, los bonsái se mantienen atrapados en un enanismo emocional.

Los padres hiedra sienten que dan y han dado todo por sus hijos. Se resisten a mirarlos sin el “halo” protector de sus cariños, porque los siguen viendo como adultos pero “pequeños”.

El riesgoso y enfermizo rol de los padres hiedra, afecta no sólo las emociones de sus hijos, sino las de ellos mismos.

Convencidos en retenerlos a como dé lugar, si hay que condicionarlos con dinero, lo hacen; si hay que chantajearlos con enfermedades, lo hacen; si hay que victimizarse y generarles sentimientos de culpabilidad, lo hacen. Todo sea por no dejarlos partir, por tenerlos atados al control que sólo ellos saben, es para no sentirse solos.

Evitemos formar hijos bonsái y más aún, jugar ese rol.

La complicada relación entre padres e hijos, exige líneas claras de respeto, donde ambas partes asuman conciencia de las etapas que deberán vivir cada uno por su lado.

Alentar el enanismo en los hijos, es proyectar todas las inseguridades que como padres difícilmente se han podido resolver.

Aceptar el rol de hijos dependientes, siempre conllevará a desajustes emocionales que complicará la autosuficiencia y la entereza para saber separar el amor filial de un amor enfermizo.

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