Las almas y su ruta a Xibalbá

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Tiempo de Maktub

Por Ruby Soriano

El misticismo de la muerte, entendido en innumerables culturas, tradiciones y épocas, nos lleva a una afortunada coincidencia que refleja la concepción del renacimiento.

Es decir, el fin es infinito, por ello es de gran valía rescatar en estos días tan nuestros de culto a la muerte, la maravillosa interpretación que sólo los mayas pudieron darle al final de la vida.

En la mitología maya, la ceiba, el árbol sagrado de esta civilización, era la gran columna vertebral que los ligaba a un universo infinito. En la parte superior estaba el cielo y en las raíces se hallaba el inframundo o Xibalbá.

Según los mayas, las personas que morían trascendían a través de su alma, misma que iniciaba un largo recorrido que podía durar hasta cinco años; la finalidad era llegar al inframundo o Xibalbá.

Llegar hasta el lugar de los muertos, significaba para los mayas un espacio donde las almas emprendían un largo aprendizaje y purificación, para ir ascendiendo a través del tronco y ramas de La Ceiba hasta el cielo.

Estas maravillosas creencias prehispánicas valen ser rescatadas y difundidas entre las nuevas generaciones, para rendir un tributo a la muerte, como sólo lo podemos hacer en México.

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Conscientes de ser una civilización adelantada a sus tiempos, los mayas echaban mano de la astrología para interpretar el recorrido de sus muertos al inframundo.

Cuando alguna de sus mujeres quedaba preñada se consolidaba la reencarnación de uno de sus muertos a través de una nueva vida.

Morir y trascender para los mayas fue la clave fundamental de todas sus interpretaciones sobre creencias místicas.

Sin el temor del regreso sin retorno, ellos estaban convencidos de que la presencia espiritual perpetuaba los recuerdos y la imagen de los seres queridos que físicamente habían partido.

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Resulta ´mágicamente desafiante imaginar a estos grandes hombres sentados en lo alto de Chichen Itzá o tal vez a la orilla del mar, observando durante una noche de luna llena y cielo despejado, el camino de las almas.

Xibalbá o ruta de los muertos sin duda nos muestra la magnificencia y respeto que los mayas guardaron milenariamente hacia la muerte.

Recordar que el final es siempre un indicio del principio, nos deja claro que la muerte está ligada a toda señal de renacimiento y de una forma diferente para entender la vida.

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